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Archive for 29 septiembre 2010

¿Cultura sin arte?

 

Grafitti visto en Loiola, en los días de la locura Banski.

 

¿Alguien se entera de qué va la capitalidad? Mañana sabremos si ha superada la primera (y penúltima criba) pero seguiremos sin tener claro en qué consiste exactamente. En este tema es fácil ser corrosivo. Como indica el título del post (y una pegatina que mi ex compañero de piso me ha dejado en herencia), hay una sensación de que esta cultura institucional contiene poco arte. Como periodista, sí he tenido acceso al proyecto de la candidatura, y sería injusto no reconocer que está muy trabajado; otra cosa es que guste o no su contenido. A la elección de una capital cultural europea por decreto se le pueden poner muchos peros, y más en un momento de recortes generalizados como éste. En cualquier caso, mañana, a las 17.30 horas, la amiga de los internautas, Ángeles González-Sinde, comunicará las finalistas, y no nos resistimos a hacer una quiniela, basada absolutamente en la intuición y en ningún conocimiento racional: Córdoba, Cáceres, Santander y Donosti.

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Sunday Happy Sunday, crónicas urgentes de U2

 

FOTO: El Humilde Fotero del Pánico

 

Juan G. Andrés

 


FOTO: El Humilde Fotero del Pánico

 

¡Ay! Qué puñeteros son los prejuicios y qué sobrados andamos de ellos. En el caso de U2, a las reservas obvias se unía también la experiencia de hace cinco años, que fue un concierto ciertamente olvidable. Por eso, ayer partí de la redacción con bastantes temores y ninguna gana de cubrir el presunto concierto del año (en cuanto a poder de convocatoria), y menos después de dos semanas de trabajo ininterrumpidas en las galeras del Zinemaldia. Pero hete aquí que habrá que rebajar el tono cabrón que iba a presidir la crítica de mañana, porque Bono & company volvieron al lugar del crimen cinco años y un mes después de su segunda visita a Donostia ofreciendo un show bastante más compacto y robusto que el de entonces. O al menos eso me pareció a mí.

Para empezar, Bono apartó un poco su cansina faceta humanitaria (jamás podrá ya desvincularse su figura con la parodia de Muchachada Nui: “rockero-comprometido”) y se centró en actuar con bastante energía. Así, a botepronto, estos son mis highlights: I Will Follow (contundente), Misterious Ways (Atchung Baby fue uno de mis primeros discos en CD y quizá su última obra digna), Sunday Bloody Sunday (¿su mejor canción?) y Where the Streets Have no Name (emocionante y majestuosa desde el primero hasta el último riff). El escenario, los vídeos y la puesta en escena, muy potentes, pese a su galopante megalomanía. Y el público, totalmente desatado en su feliz domingo (sunday happy sunday!), venía ya convencido de casa.

Aquí encontraréis la clásica y apresurada crónica de emergencia, enviada al periódico a las 0.00 horas de ayer, justo cuando el último tema, Moment of Surrender, finiquitaba las dos horas de concierto. Si tenemos tiempo, en el periódico de mañana intentaremos analizar la actuación de U2 con algo más de pausa.

Zinemaldia: el posparto

 

FOTO: Javi Colmenero

 

Juan G. Andrés

No se alarmen por el título del post, que nada tiene que ver con la película Genpin y sus parturientas naturales. En el día después, toca hacer balance de la 58ª edición del Zinemaldia y del palmarés oficial. En lo referido a la calidad de las películas proyectadas en la Sección Oficial, ha sido un año normalito tirando a decente, por mucho que la mayor parte de la prensa se empeñe en repetir que ha sido gris, mediocre e incluso horrible. A juzgar por lo que escriben y dicen algunos en El País, El Mundo y Efe, cualquiera diría que han cubierto el festival de otra ciudad. ¿Acaso tienen problemas de memoria y han olvidado ya aquellas ediciones en las que prácticamente se hacía imposible salvar un título de la competición? He visto todas las películas a concurso de este año y en ningún caso se puede hablar de mala calidad.

Por mucho que hayan faltado una o dos obras brillantes -eso es rigurosamente cierto-, ninguna de las cintas que perseguían la Concha de Oro se puede calificar de bodrio. Yo, de hecho, no he mirado el reloj deseperadamente ni he roncado en ninguna de las proyecciones, cosas que otros años sí he hecho. Por eso me parece injusta y exagerada la crítica mayoritaria contra esta edición, porque ha habido ofertas interesantes en la selección, que por supuesto podría haber sido mejor, pero también mucho peor.

Como el palmarés. Quizá lo más discutible -y menos que otros años- sea la entrega de la Concha de Oro a Neds, una película tristemente irregular, a diferencia de las anteriores que el actor Peter Mullan ha firmado como director, que cuenta con una primera parte soberbia y una segunda mitad un tanto precipitada y exagerada, aunque una de mis secuencias favoritas de esta edición sea la de su protagonista (Connor McCarron, discutible Concha de Plata) abriéndose paso entre una manada de leones. La otra escena cumbre es, sin duda, el portentoso aranque de la notable Pa negre, con ese impactante mazazo que hace que un caballo y un carro se despeñen por el barranco. Es una pena que el único premio que se ha llevado lo último de Agustí Villaronga (que era la favorita absoluta) haya sido la Concha de Plata (merecidísima) a Nora Navas, pero también es cierto que la película del mallorquín no es tan valiente ni extrema como sus trabajos anteriores. En el capítulo de lamentables olvidos también cabe citar I Saw The Devil, la violenta cinta coreana que muchos habrán visto como una simple charcutería de sangre y amputaciones pero que brinda otras lecturas más interesantes y complejas, además de ofrecer algunos de los momentos cinematográficos más potetentes del año.

Me alegran, eso sí, galardones como el de Mejor director para el chileno Raúl Ruiz -sus cuatro horas y media de Misterios de Lisboa, cine con mayúsculas, se pasan en un suspiro-y el Premio Especial del Jurado para Elisa K, una propuesta interesante que demuestra que otro cine español también es posible. También parece lógico que la fotografía de Aita haya pescado premio, aunque algunos esperábamos una distinción mayor para un filme polémico pero altamente sugerente. El galardón al mejor guión para el director de Home for Christmas le pertenece casi más al escritor de los relatos en que se basa el filme, y de hecho el propio Bent Hamer se encargó de recordarlo en la gala de ayer.

Y así concluye la 58ª edición del Zinemaldia, con el fin de la era Olaciregui y el inminente estreno como director de José Luis Rebordinos,una persona de incalculable capacidad profesional y muy apreciado también en lo personal -lean, si no, en panegírico que Carlos Boyero le dedica en su opinión de hoy-. Hay mucha expectación y curiosidad por conocer el rumbo que Rebor le dará al Festival, aunque para eso habrá que esperar más de uno y dos años. Mientras tanto, en el plazo más corto, preparémonos para disfrutar de la próxima Semana de Terror de Donostia, que será la vigésimo primera edición y la última con José Luis como máximo responsable. ¿Se le tributará el homenaje que se merce? Esperemos que sí.

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Nosotros, el jurado: Tragicomedia de no ficción en un acto

Juan G. Andrés

Cae la noche en el el Bar-Zak, una tasca semi-clandestina ubicada en el Alto de Miracruz (Donostia). El presidente del jurado oficial de la 58ª edición del Zinemaldia, GORAN PASKALJEVIC, escribe en un papelito. Sentados a una misma mesa en la que reposan los restos de la cena, los también cineastas RAYA MARTÍN, LUCY WALKER, CLAUDIA LLOSA y PABLO TRAPERO untan pan mientras la maquilladora JO ALLEN y el actor JOSE CORONADO discuten acaloradamente.

JOSE CORONADO: Que no, hombre, que no. Que yo no quiero leer el fallo, que luego todas las hostias me caen a mí…
JO ALLEN: Piénsalo, Jose, lo mejor es que salgas tú, que hiciste de periodista en aquella serie y muchos te tienen cariño. Los de la prnsa creen que desde entonces no has hecho un personaje mejor y te ven casi como a un colega.

PASKALJEVIC les interrumpe mostrando un papel en el que aparece la frase: “¿Cómo diablos vamos a ponernos de acuerdo para entregar la Concha de Oro si ni siquiera podemos decidir quién lee el fallo ante la prensa? Primero acordamos el premio y luego lo de la lectura”.

PABLO TRAPERO: Goran, vos sos el presidente, y tenés que leer vos el fallo.
LUCY WALKER: Pero Pablo, ¿no ves que no puede hablar, que está afónico perdido?
CLAUDIA LLOSA: Pues que hubiera pensado antes lo de bañarse en pelotas en la playa, que ya es mayorcito para cogerse fríos de esa forma tan tonta.
RAYA MARTÍN: Haya paz, haya paz… Me parece que hay un problema aquí: la energía no fluye entre nosotros. Vamos a ponernos estos gorros de papel en la cabeza para ver si así…
JOSE CORONADO: Quieto parao, rallao. Esa mierda se la va a poner tu puta madre. Que el otro día ya hubo quien insinuó cosas feas y a ti aquí no te conoce ni dios, pero uno tiene su reputación en este país.
LUCY WALKER: ¿A quién le damos entonces la Concha?
PABLO TRAPERO: ¡A la concha de tu madre! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡La concha de…!
JO ALLEN: ¡Ya está bien la chorrada, Pablo! Hace gracia una, dos y hasta tres veces, pero cuando la sueltas cinco veces por minuto ya aburre.
JOSE CORONADO: A mí Aita me ha parecido un infierno, pero creo que deberíamos elegirla, aunque sólo fuera por demostrar cuán modernos somos…
JO ALLEN: Ni hablar, para eso premiamos Genpin, que es moderna y feminista. Así haríamos un reconocimiento implícito al papelón del tocólogo Yoshimura. Teníamos que haberle dado a él el premio a la mejor actuación masculina en lugar de al cura de Aita, que también se interpreta a sí mismo.
JOSE CORONADO A Genpin ni agua, que en esa película todas las mujeres se quedan embarazadas y eso es algo que siempre me ha puesto muy nervioso. Venga, mientras lo pensamos un poco más, invito al postre, que me hacen precio especial. (Pone enorme caja repleta de yogures sobre la mesa).
RAYA MARTÍN: ¡NooOoOooO ¡Me cago en los últimos de Filipinas!¡Aparta eso de aquí, que estamos hasta el gorro del Bífidus activo!¡Llevamos nueve días con diarrea!
JOSE CORONADO: Tampoco es para ponerse así, panda de ingratos… ¿Y qué os parece darle el premio a Pa negre?
CLAUDIA LLOSA: Sí, o a Elisa K, o a El gran Vázquez, que también son españolas, no te jode… De ninguna manera, darle la concha…
PABLO TRAPERO: ¡¡¡La concha de tu…!!!
CLAUDIA LLOSA (silencia a TRAPERO metiéndole una servilleta en la boca) Dársela a Pa negre equivaldría complacer a la crítica y al público y, por tanto, ir en contra de la sacrosanta tradición de este festival. ¡No podemos defraudar las expectativas de quienes aguardan otro palmarés delirante! ¿Qué iban a escribir entonces?
JO ALLEN (que está maquillando a Raya para que parezca Napoleón): Pues entonces vosotros diréis, pero se nos acaba el tiempo.
LUCY WALKER: También se la podríamos conceder a la coreana gore, para que el tal Rebordinos se ponga contento y nos consiga una acreditación para el año que viene…
JOSE CORONADO: ¿Y Misterios de Lisboa? Las protagonistas estaban buenas…
RAYA MARTÍN: No sería justo. Duraba cuatro horas y media de película y todos nos quedamos dormidos menos Goran, que luego, con tanta peli sobre el alzheimer, ha olvidado de qué va.

Se abre la puerta de Bar-Zak y entra una chica en blanco y negro con el brazo derecho detrás de la nuca. Pregunta si hay sitio para cenar. Su mirada es joven, provocadora y curiosa. A PASKALJEVIC se le ilumina la cara y comienza a escribir una nota cuya lectura despierta una amplia sonrisa en sus compañeros. Todos se levantan y se acercan sigilosamentea la mesa donde está sentada la chica.

JOSE CORONADO: Chavala. No es nada personal, pero como tienes una “mirada joven, provocadora y curiosa” te vas a encargar de elegir la Concha de Oro de este año. Así, si a la prensa no le gusta, las hostias te las llevas tú, que ya está bien: llevas mirándonos en plan altivo todo el festival, desde los carteles de la calle, los catálogos, los periódicos… Pues bien: como no nos podemos de acuerdo, no saldrás de esta tasca hasta que hayas elegido cuál es la Concha de Oro. Estamparás nuestra firma falsificada en el acta y sólo después podrás salir.
JOVEN: P-pero yo… Yo no he visto todas las películas y apenas tengo tiempo, debo regresar a los carteles. Sólo había salido para comer un bocado.
JOSE CORONADO: Mira, bonita. Ahí tienes todos los bífudus que quieras, pero antes termina de ver las películas de la Sección Oficial para elegir una ganadora. Procura que no sean ni Pa negre ni Historias de Lisboa. Por lo demás, tienes absoluta libertad.
JOVEN: Pero si tengo ni idea de cine y…
RAYA MARTÍN: Tranquila, que eso es lo de menos.
JOVEN: ¿Y si no me da tiempo a ver todas las películas?
JO ALLEN: Te jodes y eliges al azar.
CLAUDIA LLOSA: O llamas a Óscar Mariné, tu creador, y que te saque de este lío.
JO ALLEN: Y deja de enseñarnos continuamente tu axila, hombre.
JOVEN: Es que me fotografiaron así y…

PASKALJEVIC corta la conversación entregándole una nota a la JOVEN. Dice así: “Si Mariné tuvo los huevos de crear un cartel tan horrible, que los tenga también ahora para venir y ayudarte. Nosotros nos vamos a dormir que en 24 horas tenemos otra fiesta. Recuerda: el fallo tiene que estar firmado para las cuatro de mañana sábado. Muchas gracias, miraditas”.

En fila india, todos siguen a PASKALJEVIC y cruzan junto a él una puerta por la que abandonan el local. Se escucha cómo cierran por fuera con doble llave y se alejan del Bar-Zak dejando sola a la JOVEN, que con lágrimas en los ojos empieza a verse de una tacada todas las películas de la Sección Oficial.

Es sábado 25 de septiembre de 2010. Amanece en Donostia y faltan pocas horas para la lectura del palmarés. Sin embargo, un inquietante y extraño suceso ha conmocionado a la ciudad. En todos los carteles de la Sección Oficial, en todos los libros, revistas y publicaciones -absolutamente en todos-, ha desaparecido la misteriosa joven en blanco y negro. En su lugar sólo queda la silueta del espacio que un día ocupó la muchacha del sobaco ventilado y la mirada inquietante. Nadie se explica qué ha podido ocurrir…

 

Antes y después del cartel del Zinemaldia

 

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Se acabó lo que se proyectaba



Juan G. Andrés

Pues nada, ya está: se acabó lo que se proyectaba. Abajo el telón. The End… A esta hora los miembros del jurado oficial estarán cenando, por poner un ejemplo, besugo al horno. También estarán descojonándose a mandíbula batiente, imaginando que la cara que se le quedará a la prensa en la lectura del palmarés se parecerá mucho a la del pescado que yace en sus platos. Mañana veremos si los premios son tan delirantes como los del año pasado. Y como los del anterior. Y el anterior…

La proyección de títulos a concurso ha finalizado hoy con dos obras de corte amable y sencillo, bien contadas, bien narradas y bien interpretadas, pero que han eliminado toda esperanza de descubrir la película de esta edición. En Cerro Bayo, la argentina Victoria Golardi firma una entretenida historia de personajes golpeados por el intento de suicidio de la abuela. El tema del filme es la familia, ese complejo artefacto capaz de sacar lo mejor y lo peor del ser humano, y el humor y las buenas actuaciones convierten el espectáculo en una cinta amable pero que no perdurará excesivamente en nuestra memoria. Y precisamente de memoria y amor trata Addicted to love, del chino Liu Hao, que narra una tierno (y pausado) relato de dos ancianos que se aman en la tercera edad pero que lo hacen con una ilusión casi infantil. Buena, bonita… pero lenta.

Mañana seguiremos informando. La lectura del palmarés, a partir de las 16.00 horas.

Gure aita etxean zaudena

Juan G. Andrés
Si llega a ser sábado en lugar de jueves; si me hubiera sentado en el patio de butacas y no en el gallinero; si desayuno café y cereales en vez de leche con galletas, lo mismo Aita me habría parecido una miserable patraña cinematográfica y su director, José Mª de Orbe, un gran impostor. Pero el caso es que la película en la que el donostiarra dice haber intentado descifrar la memoria de su casa familiar de Astigarraga resulta “curiosa y arriesgada” (así la hemos definido en @mirartegip nada más salir de la proyección), aunque no sea “plato para todos los gustos”.

He llegado al Kursaal con cataratas de prejuicios fluyendo sobre las retinas y al inicio de la proyección he resoplado varias veces en la secuencia del hombre que tarda seis o siete minutos en cerrar las ventanas de un pasillo. Sorprendentemente, he entrado en la película tan pronto como he percibido la casa que la protagoniza como un lugar turbador. Lo que más me atrae de Aita es su apariencia de película de espectros atrapados en una mansión encantada que representa una amenaza constante. Cuando no dialoga con el cura del pueblo, el guarda del inmueble semiabandonado arrima el oído a sus paredes y escucha los susurros de una casa que nos habla en forma de crujidos de escaleras, chirridos de puertas y goteras de agua. No hay música, sólo el canto de un coro invisible, y la hiedra trepa por la fachada cubriendo muros y ventanas. Mientras, las imágenes del pasado se proyectan en las paredes desconchadas -imposible no pensar en Arrebato, de Iván Zulueta- y las manchas de humedades casi parecen lienzos de pinturas abstractas.

Entiendo perfectamente a quienes al finalizar la proyección han abucheado y zapateado como si bailaran en un tablao flamenco, y siempre defenderé la necesidad de una buena historia como cimiento indispensable para cualquier película. No soy, en general, muy amigo de las moderneces artísticas, pero la moderna Aita tiene un gran poder de sugestión pese a la extrañeza que suscita. No cuenta ninguna historia y las cuenta todas si el espectador entra en el juego: puede ser una de fantasmas, un drama inquietante, un ensayo audiovisual o, como ha señalado el realizador Jon Garaño en la rueda de prensa, un relato de amor entre la casa y su cuidador. Quizá no vería más de dos o tres películas como ésta en el mismo año, pero agradezco mucho la oportunidad de disfrutar de un cine alejado de la corriente dominante.

Hoy también se ha proyectado Amigo, lo último del estadounidense John Sayles, un cineasta admirado en el pasado pero que en los últimos años se ha acostumbrado a recibir palos de la crítica. Su historia de la invasión estadounidense de Filipinas no es, desde luego, un dechado de virtudes fílmicas. Está narrada con un tono absolutamente convencional, pero tampoco es la mierda execrable que la mayor parte de las críticos han visto en ella. Sí parece, en cambio, que desde su última gran película, Lone Star, el hoy autodeclarado “aitona” del cine independiente parece haber perdido comba y está cada vez más lejos de su mejor momento. Confiemos en que en su siguiente visita a Donostia -porque Sayles volverá por quinta o sexta vez- suponga un regreso a su estilo de antaño.

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Pan gris y Karate Pregnant

Juan G. Andrés

Había ganas, muchas ganas, de masticar el Pa negre (Pan negro) del siempre interesante Agustí Villaronga. El realizador mallorquín, uno de los más personales de nuestro cine, ha convertido en imágenes el mundo literario de Emili Teixidor parar narrar una historia ambientada en la turbulenta España de los años 40 y cuyos elementos remiten a su habitual universo oscuro. En plena posguerra, un pasado ominoso acecha a los personajes, entre los que hay (por supuesto) un niño que perderá abruptamente la inocencia, enfermos de tuberculosis y fantasmas ocultos en cuevas y desvanes. Tras el impactante arranque en el bosque maldito -la escena inicial del carro y el caballo despeñándose es sencillamente prodigiosa- la acción se adentra en un entramado de crueles mentiras, intrigas muy bien trazadas y una frase final que transforma pelos en escarpias. En ningún caso puede afirmarse que la suya sea otra-película-sobre-la-(pos)guerra-civil-española porque la marca de Villaronga late en ella, pero cabía esperar que un cineasta amante de lo extremo como él se asomara un poco más al abismo. Porque Pa negre, nacida como un encargo de sus productores, es una buena película -está a años luz del 95% de las producciones españolas-, pero su vocación comercial (muy loable, por cierto) impide al director exponerse tanto como lo hizo en las perturbadoras Tras el cristal o El mar. El último pan horneado por Villaronga, por tanto, no llega a ser blanco, pero tampoco resulta todo lo negro que esperábamos.

Y hablemos ahora de Genpin, una parida en toda regla de Naomi Kawase. Lo de parida, claro está, pretende ser un juego de palabras vinculado al tema del documental, que trata de una clínica donde se asiste a las embarazadas que dan a luz de forma natural. El jefe del negocio es un inexpresivo tocólogo llamado Tadashi Yoshimura, una especie de señor Miyagi que pone a las embarazadas a dar cera y pulir cera. Como en Karate Kid, el individuo se dedica a entrenar a las futuras mamás para que lleguen en las mejores condiciones físicas al día del parto. Para ello, les obliga a hacer 300 flexiones diarias (en cuclillas, of course), a subir cuestas empinadas y caminar varios minutos al día, e incluso a cortar troncos con un hacha como si estuvieran preparando el I Campeonato de Niponas Aizkolaris organizado por la Euskal Etxea de Kyoto. La directora nipona se toma su tiempo (92 eternos minutos) para documentar el día a día de la residencia, presenta imágenes de varios bebés siendo pacíficamente desalojados de sus respectivos úteros y, en una decisión perfectamente legítima, elige obviar el papel de los hombres, una suerte de pasmarotes que meses atrás ya hicieron todo lo que tenían que hacer: eyacular su semillita en el vientre de mamá. Prácticamente el único varón que tiene voz en la película es el mesiánico Miyagi, que para eso es el protagonista del publirreportaje sobre su clínica.

Desde luego, si volviera a nacer, lo último que quisiera encontrarme enfrente al abrir los ojos por primera vez es el careto del doctor Yoshimura. ¡Pero si hasta las comadronas y sus familiares hablan mal de él! Y es precisamente en ese punto donde se atisba una minidosis de buen cine en Genpin, cuando sus compañeras de trabajo censuran sus autoritarios métodos o la hija reprocha al viejo haber traído a cientos de criaturas al mundo pero nunca haberse ocupado de su propia familia. Sin embargo, Kawase pasa de puntillas por esas historias, a las que no dedica ni cinco minutos en total, y prefiere abandonarse a la contemplación y a rodar un spot que, despojado del exotismo que siempre tiene Japón, se quedaría en eso, en un spot, o como mucho en un reportaje televisivo al uso. Cualquiera que defienda con ahínco esta película sólo tiene que imaginarla traslada a una clínica de Getafe o Donostia donde también se practica el parto natural pero donde no hay tatamis ni almendros en flor. ¿Sin el exotismo propio del lejano oriente seguiría pareciéndoles un poema y un canto a la vida y otras mamarrachadas? Es evidente que no, y es una pena que el año en el que el Festival se ha rendido a la no ficción (con retrospectiva incluida), el documental de la Sección Oficial sea cine inane, una película que versa sobre el alumbramiento pero que, paradójicamente, carece de vida.

http://www.noticiasdegipuzkoa.com/especiales/zinemaldia

 

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