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Archive for 31 octubre 2010

Emocionante Hiatt

FOTO: El Humilde Fotero del Pánico

Juan G. Andrés

Ayer en el Kursaal me sentí en franca minoría entre tanto fan irredento de John Hiatt. Conozco desde hace pocos años sus grandes éxitos y (re)conozco su innegable importancia en la historia de la música estadounidense de las últimas décadas, pero no llego al extremo de algunos enfervorecidos seguidores que parecían llevar esperándole una eternidad. Os juro por mi honor (como diría Fer Sánchez-Dragón) que había un individuo o individua que, entre canción y canción, no gritaba ni aplaudía: directamente ladraba de alegría.

No fue para menos, pues Hiatt protagonizó una maravillosa y emocionante actuación (quizá mi favorita del año después del concierto de Elvis Costello en el Jazzaldia) que no sólo convenció a los ya convencidos, que eran la mayoría, sino que logró tocar la fibra de quienes tampoco llevamos mucho tiempo siguiéndole la pista. Folk, rock, country, blues, pop… No faltó prácticamente ninguno de los géneros habituales en la música popular de EEUU, todos ellos presididos por su incomparable voz y acompañados por una banda muy profesional. Una noche ciertamente gozosa de la que mañana hablaremos en el periódico.

Deberes para el futuro más o menos inmediato: hacer algo que siempre resulta ilusionante como es empollarse al completo la discografía de un artista que sabes que no te va a defraudar. Se aceptan sugerencias…

(Editando que es gerundio: Crónica completa y más detallada del concierto aquí)

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Exámenes, japos lisérgicos y mejillones mutantes

Exam

En su segunda jornada, la Semana de Terror proyecta esta noche Exam, el debut tras la cámara del guionista inglés Stuart Hazeldine. Aunque a muchos les parecerá que la historia ya está contada en filmes anteriores (Cube, El método Gronholm, etc.), la película se ve con interés y el espectador acompaña intrigado a sus acorralados personajes en la tarea de descubrir qué pregunta es la que deben responder para conseguir el puesto de trabajo de sus vidas. Los elementos con los que juega el filme son mínimos: una hoja en blanco, ocho individuos encerrados en una habitación sin ventanas y varias reglas que no pueden romper so pena de ser suspendidos en el acto: no hablar con el vigilante armado que custodia la estancia ni con el supervisor del examen, no romper el folio y abandonar la estancia. Interesante juego.

También veremos la peli más bizarra y dlirante de esta Semana, Death Kappa, que los periodistas ya pudimos disfrutar en una proyección de prensa hace unos días. Lo de disfrutar es un decir, porque el filme, una astracanada en toda regla, puede llegar a ser aburrido si se ve en soledad. Recomendamos, pues, la visión con abundante público y en un contexto lúdico-festivo como el de la Semana de Terror. Seguro que se arma una buena juerga en el patio de butacas con esta historia desquiciada y lisérgica en la que el japonés Tomoo Haraguchi parece haber superado los límites de la cordura, con homenajes a Godzilla, monstruos que bailan al son de canciones horripilantes, karaokes imposibles y unos efectos especiales tan premeditadamente cutres que no dan risa, sino lo siguiente.

Igualmente delirante es el otxote manga que, como una caricatura de la santa compaña, deambula por bares y mercados de la ciudad entonando a capella las sintonías de las series televisivas de los 80. Espoleado por Judas Arrieta, el grupo de manga punk Ninja Pastori es el responsable de esta majarada que este mediodía saldrá del restaurante Ni Neu (Kursaal) hacia el bar Hamabost para, por la tarde, instalarse en el escenario del Principal, donde ofrecerán una actuación eléctrica antes de la proyección de Death Kappa. Arrieta, artista guipuzcoano afincado en China, ha montado una inefable exposición en la cripta de San Jerónimo, que guarda curiosos ejemplares de toy-art, con personajes como Milabegi o el mejillón que sobrevivió una semana en el bar la Mejillonera de la Parte Vieja, y varios carteles con mil y una referenciass a películas que convertirán en gaseosa el culo de todo fan del género que se precie.

PD: En la primera sesión golfa de la que hemos llegado hace sólo unas horas, anoche vimos el cortometraje gore Papa Wrestling (muy divertido y sangriento), los inenarrables cortos de Pendejo (infames y geniales para insultar a sus responsables durante la proyección) y dos películas a tener en cuenta: la desternillante Tucker and Dale vs. Evil (una especie de Deliverance al revés, donde los paletos  sureños son más buenos que el pan y los urbanitas que se adentran en el bosque desalmados hijos de puta) y Dream Home (una orgía de vísceras y hemoglobina protagonizada por una joven muy cabreada porque el precio de la vivienda en Hong Kong está por las nubes). Y hoy, en la segunda sesión doble no os perdáis El último exorcista, un falso documental sobre un predicador que decide confesar que los exorcismos que ha practicado han sido una estafa pero que tendrá que enfrentarse a uno de verdad cuando menos se lo espera.

(Editando que es gerundio: Crítica completa de Death Kappa aquí)

Santa Claus is coming to Donostia

Juan G. Andrés

La Semana de Terror comienza mañana con una recomendable película, Rare Exports, que viene avalada, entre otros méritos, por su condición de gran  vencedora en el último Sitges. La historia dirigida por Jalmari Helander será conocida por los aficionados del festival que hace unos años entregaron el Premio del Público al cortometraje homónimo del finlandés. La cinta que inaugurará la Semana es, precisamente, la precuela de aquel corto que podéis disfrutar bajo estas  líneas junto a la segunda parte de la historia, también en formato breve.

De todos modos, antes de echar un vistazo a los dos vídeos de Youtube quizá sea recomendable ver antes el largometraje para  no perder el factor sorpresa. Porque el espectador disfrutará de una entretenida película que muestra a  Santa Claus como nunca antes lo habías visto: le gustan los niños, sí, pero no para sentarlos en su regazo y darles regalos, sino para morderles y castigarles brutalmente si no han sido buenos. Con una más que impecable factura y un estilo ciertamente poderoso, el filme se mueve entre un estilo cercano al terror y los guiños al cine juvenil y familiar. Sobre todo en su parte final, Rare Exports recuerda a las maravillosas historias que en los 80 tanto marcaron a quienes hoy sobrepasamos la treintena. Francamente recomendable.

(Editando que es gerundio: crítica completa de Rare Exports aquí)

[Gracias a Urko por la advertencia de los subtítulos]

RARE EXPORTS I (2003)

 

RARE EXPORTS II (2005)

Académica amalgama

 

FOTOS: El Humilde Fotero del Pánico

 

Juan G. Andrés

Sonaban bien en disco los rabiosamente heterodoxos Mice Parade y, sin embargo, no dejaron un buen sabor de boca con su directo de ayer en Gazteszena. Los seis multi-instrumentistas del grupo liderado por Adam Pierce se mostraron académicos en exceso, incluso en la pose. Sólo ver a los guitarristas tocar sentados, uno en un cajón flamenco y otro agarrando la guitarra como si fuera Paco de Lucía, ayuda a cimentar la idea de que se saben virtuosos, se molan mazo y parecen encantados de conocerse. En ese sentido, hay en su directo un poco de aquello que cierta película decía sobre muchos artistas de jazz, que tocan más pensando en sí mismos que en el público que tienen delante. Y entonces pasa lo que pasa. Además, su amalgama sonora la componen palos tan distintos como el flamenco, el post-rock, referencias al jazz y la electrónica e incluso al africanismo, y el problema es que, lamentablemente, el cóctel no está agitado como debiera y la mezcla resulta fallida. Una pena.

De la actuación previa de Laetitia Sadier (Stereolab), que prestó su voz en un tema de Mice Parade, no diremos mucho porque apenas la vimos cantar un par de piezas. Y sería genial que alguien que asistiera al primer concierto de la noche de Gaztemaniak comentara algo sobre la noruega Silje Nes. Algo sobre la belleza (o no) de su música, pues cosas relacionadas con su belleza física oímos unas cuantas.

Más fotos del bolo aquí.

 

Cataluña no es Wisconsin

Juan G. Andrés

Hoy se estrena Héroes, la película con la que el catalán Pau Freixas ha conseguido abandonar el cine de terror para adolescentes y ha empezado a hablar de las cosas que verdaderamente le interesan. Tuvimos la ocasión de verla en un pase de prensa el pasado miércoles y ayer mismo dábamos cuenta aquí del encuentro mantenido con el director en los cines Príncipe de Donostia. Ambientado en los años 80, el filme aborda la historia de cinco chavales de 12 años inmersos en el mejor verano de sus vidas. Entre los ingredientes utilizados por el director y su coguionista, Albert Espinosa, figuran la típica cabaña construida en lo alto de un árbol, las aventuras del pueblo, el primer beso, los polos Drácula, el primer desengaño, brazos escayolados, derrapes con la bicicross BH o aquellas riñas con amigos que parecían la antesala del fin del mundo.

Cualquiera que reconozca esos elementos como parte de su pasado viajará atrás en el tiempo y trazará paralelismos, más o menos numerosos, entre su propia infancia y los hechos que acontecen en esta película ganadora del Premio del Público en el último Festival de Málaga. Es inevitable vincular Héroes a títulos fundamentales de nuestra niñez como Stand by Me, ET o The Goonies, a los que el filme remite sin complejos e incluso con homenajes explícitos en forma de planos calcados y carteles pegados en las habitaciones de los personajes. Precisamente eso es lo que más forzado resulta en la bienintencionada película de Freixas, que insiste demasiado en utilizar los códigos clásicos del cine estadounidense para contar una película que transcurre en España. Tampoco ayuda demasiado que en la versión estrenada fuera de Cataluña los niños estén doblados al castellano por los típicos actores que ponen las voces infantiles en las superproducciones made in USA. [Podéis comprobarlo reproduciendo el vídeo que encabeza este post]

En lugar de intentar contar la historia con algo parecido a una voz propia, el director se esfuerza premeditadamente en importar de Hollywood el estilo de fotografía, los excesivos subrayados musicales e incluso el tipo de vestuario de los actores, a los que coloca frente a aventuras y escenarios que a veces parecen más propios de Wisconsin que de la costa catalana. Y el resultado se asemeja mucho a lo que ocurre con algunos grupos patrios que cantan en inglés cuando su lengua es el castellano: queda impostado. Por mucho éxito de público que obtenga el filme, es una pena que Freixas haya optado por un producto de corte convencional que en su previsible desenlace apela a la lágrima fácil y que, sobre todo, desaprovecha el potencial de un reparto de actores no-profesionales, los cinco niños protagonistas, cuyas interpretaciones se adivinan estupendas. Los adultos también parecen bastante convincentes, especialmente el siempre solvente Álex Brendemühl, aunque el doblaje impida captar más certeramente su interpretación y las de Eva Santolaria, Emma Suarez y Lluis Homar. Lo de la versión original subtitulada va siendo, cada vez más, una necesidad perentoria.

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Pena-penita-pena

José Luis Rebordinos, a la derecha de la imagen. FOTO: Arnaitz Rubio

Juan G. Andrés

Esta mañana hemos asistido a la última presentación de la Semana de Terror con el inefable José Luis Rebordinos como director. A quienes llevan/llevamos dos décadas asistiendo al más genuino y personal de nuestros festivales nos cuesta Dios y ayuda (¿deberíamos decir Satán y ayuda?) imaginar una Semana sin Rebor dirigiendo el cotarro. Nos da una pena-penita-pena insondable, pero instancias más altas, concretamente el Zinemaldia, requieren de sus sabios servicios. En la rueda de prensa de hoy confiaba en seguir disfrutando de la Semana “como espectador en el patio de butacas”. “Me permitiré excesos que ahora no puedo cometer y el próximo director tendrá que sufrirme un poco”, bromeaba José Luis, quizá el mejor y más cercano (desde luego sí el más entusiasta) gestor cultural de cuantos han trabajado en Donostia en los últimos tiempos. [Ya le agasajamos efusivamente hace semanas con este perfil, pero es que ciertamente, su trabajo es digno de elogio]

Al parecer, su sustituto está ya designado, aunque su identidad no se revelará hasta el termino de la edición que comienza el próximo sábado. La continuidad del certamen, en cualquier caso, está garantizada por un equipo perfectamente engrasado que sabrá guardar la herencia de su alma mater. El año pasado, en una entrevista triple que organizamos con motivo del vigésimo aniversario del festival, Rebordinos confiaba en que la Semana sobreviva al equipo que la ha dirigido en los últimos tiempos “porque es un patrimonio de la ciudad”. “Es bueno que acabe dirigiéndola otra persona, no soy nada cerrado en ese sentido, pero eso sí: me gustaría seguir vinculado a la Semana toda la vida”, terminaba. El Terror pierde un gran director pero gana un genial espectador. Lo dicho. ¡Nos vemos en el patio de butacas!

Todo el mundo necesitaba a Solomon

De izquierda a derecha, Burke en el Heineken Jazzaldia de 2003 y de 2006 y en el Hondarribia Blues Festival de 2010. FOTOS: El Humilde Fotero del Pánico.

Juan G. Andrés
Disculpen la tardanza de este minúsculo homenaje que Mirarte quiere tributar al monarca del rock and soul, que tras su muerte hace unos días deja vacío su gigantesco trono. El estadounidense Solomon Burke (1940-2010) era un tipo excesivo, tanto por los incalculables valores que marcaba su báscula como por otras muchas cifras: 35 álbumes, 17 millones de copias vendidas, 21 hijos, 90 nietos, 19 bisnietos… Pero, sobre todo, era el último exponente de una época y de una forma de cantar, heredero de voces tan inolvidalbes como las de Otis Redding, Wilson Picket, Sam Cooke o Ray Charles.

La primera vez que le vimos por estos pagos fue en el Heineken Jazzaldia del año 2003, cuando presentó esa maravilla de disco que es Don’t Give Up On Me, y nos emocionó tanto que decidimos seguirle de nuevo en el Jazzaldia de 2006 y este año en el Hondarribia Blues Festival. Las tres actuaciones fueron absolutamente deliciosas, auténticas lecciones magistrales de soul-predicador con parafernalia de rosas y collares incluida y el público subido al escenario para cantar y bailar con él. El creador de éxitos como Everybody needs somebody to love falleció en el aeropuerto holandés de Schiphol cuando se disponía a dar un concierto en Amsterdam. A eso se le llama morir con las botas puestas. O mejor dicho, con las cuerdas vocales tensas.

Descanse en paz Solomon Burke.

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