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Archive for 30 noviembre 2010

Mursego vuelve a mordernos

Juan G. Andrés

Somos muy pero que muy fans de Mursego y en más de una ocasión hemos plasmado por escrito nuestra gran admiración por su bizarro pop fraguado a partir de melodías subyugantes, loops y efectos pregrabados. Ayer la discográfica Bidehuts presentó el segundo disco de Maite Arroitajauregi, Mursego Bi (2), que supone un paso adelante con respecto a su ópera prima. Según sus propias palabras, el nuevo álbum está mucho “más trabajado” en todos los aspectos -textos, músicas, armonías-, aunque el fascinante mundo de la intérprete eibartarra continúa teniendo la misma fuerza hipnótica que la mordedura de uno de los vampiros que pueblan sus canciones, cantadas e interpretadas por ella con instrumentos como el cello, el autoharpa, el ukelele y el theremin, entre otros.

FOTO: Ainara Garcia

La segunda entrega de Mursego (palabro que en portugués significa murciélago) permite disfrutar en disco de esas canciones que hemos ido descubriendo en los conciertos y que Maite aún no había grabado. Una de las mejores es Europa zaharreko banpiroen guda, una especie de carpe diem para chupasangres. También aparecen la submarina Itsas Urpekarien dantza, la sabrosa receta Hegaluzea pistoarekin o Iraganik gabeko emakumea, homenaje al filme Un hombre sin pasado, de Aki Kaurismaki. Otros guiños cinematográficos están incluidos en  estupendas canciones inéditas como Argia zara o Zaldi basatiak, que aluden respectivamente a Déjame entrar, la hermosa historia vampíricas del sueco Tomas Alfredson, y a Vidas rebeldes, el clásico de John Huston.

El disco se puede adquirir ya en la web de Bidehuts al irrisorio precio de 10 euros. Quien desee un aperitivo, puede degustar aquí el primer single elegido entre las 11 canciones del álbum. Se titula Donki Kongu y es un viaje de resonancias tropicales a la infancia de aquel videojuego de los 80 en el que Mario tenía que salvar a la princesa de las garras de un gigantesco gorila. En Youtube también hay varios vídeos de las actuaciones de Mursego, que el 12 de diciembre actuará en Soraluze y el 18 de febrero volverá a actuar en Lugaritz, donde ya estuvo hace unos meses y ofreció imágenes como estas. Al final del post, hay un breve e interesante reportaje emitido a comienzos de año… Pasen, vean, escuchen y déjense morder por Mursego. No se arrepentirán…

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Sophia en familia

FOTO: El Humilde Fotero del Pánico

Juan G. Andrés

Algo falla cuando un tío como Robin Proper-Sheppard viene a Donostia y solo aparecen por el Doka cuatro gatos. Bueno, no exageremos, no éramos cuatro sino quince, pero la sala quedó bastante desangelada. Quizá fue (otra vez) la lluvia, la saturación de conciertos (esta semana por lo menos hay una veintena de citas solo en Donostialdea), una promoción casi inexistente (cosa habitual en el Doka) o el desinterés del público (incluso de algunos de quienes pagaron los 8 de la entrada), pero da pena que alguien tan fiable en sus gustos como Juanra de Moonpalace Records monte un concierto y le salga regular. Da pena sobre todo por el artista, que tuvo que presentar su proyecto, llamado Sophia, en petit comité. De todos modos, no pareció importarle demasiado al dicharachero americano afincado en Londres, que antes de empezar recorrió el bar para confeccionar el repertorio en función de las peticiones del público. A todo el que entraba también le preguntaba: “¿Qué quieres que cante?” Y así lo hizo.

Cogió su guitarra acústica, se descalzó y comenzó el recital ante un decorado precioso y tremendamente hogareño. Parecía que estuviera en su propia casa y los espectadores fuéramos familiares dispuestos a escuchar sus tremendas historias de (des)amor y muerte en forma de canciones de intimísimo folk. En un tono tan desgarrador como bello, interpretó composiciones sobre fracasos sentimentales y diversas experiencias autobiográficas, y heló la sangre del personal en momentos tan serios como el de la pieza dedicada al último aliento de su madre. Sin embargo, cuando hacía una pausa entre tema y tema, Proper-Sheppard mostraba su mejor sonrisa y echaba mano de su faceta de diverido storyteller para charlar con la embelesada audiencia. Insistimos. Lástima que una propuesta tan redonda fuera solo disfrutada por quince personas…

Más fotos del concierto aquí.

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El ‘top five’ de Berlanga

Juan G. Andrés

Hoy, el día después, es el domingo idóneo para degustar las docenas de artículos sobre Berlanga que pueden encontrarse en la prensa. También es el mejor momento para revisitar la filmografía del maestro y convertir en risa el desconsuelo que nos provoca su ausencia. Estas son, a nuestro juicio, las mejores películas de Luis García Berlanga (1921-2010).

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5. ‘La escopeta nacional’ (1977). La primera entrega de las aventuras y desventuras de la saga de los Leguineche, una “familia de rijosos” que sirvieron a Berlanga y Azcona para cantar las miserias de la transición española. Hace dos años el cineasta entregó al Instituto Cervantes un legado personal en una caja que no podrá abrirse hasta 2021. ¿Se imaginan que no es un guión ni unas memorias y sí varios tubos con vellos púbicos de mujer como los que coleccionaba el marqués? Como última irreverencia no tendría precio…

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4. ‘Bienvenido Mr. Marshall’ (1953). Es la película a través de la cual muchos llegan a Berlanga; no la mejor, pero sí, quizá, la más popular. Un fresco costumbrista y satírico de la España de los 50 presidido por una inmortal canción, Americanos, os recibimos con alegría, y por un demente discurso, pronunciado por el genial Pepe Isbert, que debería figurar en cualquier manual de oratoria: “Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar”.

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3. ‘La vaquilla’ (1985). La última obra maestra de García Berlanga y posiblemente la más lúcida reflexión de nuestro cine acerca de la Guerra Civil española, más atinada que cualquier seria y sesuda película sobre la contienda. Lo comenta el compañero Guillermo Nagore en su columna de hoy y lo refleja brillantemente el diálogo incluido al final de este vídeo. Los republicanos José Sacristán y Alfredo Landa se bañan en el río junto a soldados del bando nacional, y este último le dice al otro: “Lo que es la vida, mi teniente; aquí en pelotas, ni enemigos ni nada”.

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2. ‘Plácido’ (1961). Berlanga en estado puro, el esperpento nacional. Basta escuchar a López Vázquez decir aquello de “Gabino Quintanilla, el hijo de don Lucas, el de la serrería” para que a uno le brote la sonrisa en la cara, aunque lo que cuenta la película escrita junto a Rafael Azcona sea la tragedia cotidiana y mayúscula de un hombre embarcado en la odisea de pagar la letra de su motocarro. Un corrosivo autorretrato social que concluye con ese grotesco villancico que dice: “Porque en esta tierra ya no hay caridad, ni nunca la ha habido ni nunca la habrá“.

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1. ‘El verdugo’ (1963). Es la cumbre del cine berlanguiano, una radiografía hiriente de la España negra y una patada en la entrepierna del régimen franquista. Esta acida y superlativa denuncia de la pena de muerte fue, además, la última colaboración de Pepe Isbert con el maestro. Atentos al minuto 3,30 de esta secuencia, en la que el verdugo, con los hierros del garrote vil sobre la mesa de la cocina, ensalza las bondades de tan letal instrumento. “Me hacen reír los que dicen que el garrote es inhumano. ¿Qué es mejor? ¿La guillotina?” Abstolutamente insuperable.

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‘1971’, el álbum de cámara de Rafael Berrio

FOTO: El Humilde Fotero del Pánico

Juan G. Andrés

Hace solo unas horas Rafael  Berrio ha acudido a El Lagar de Gros y ha regado con vino y chacina la presentación de su nuevo disco que, bajo el título 1971, contiene una decena de composiciones acústicas alejadas de los aires rockeros de sus proyectos como líder de Amor a Traición y Deriva. Si su anterior trabajo, Harresilanda (2005), ya lo dominaban los ritmos más calmados, este 1971 podría considerarse una suerte de álbum de cámara en el que apenas hay batería (solo algunas percusiones) y se escuchan melodías de piano, guitarras muy suaves, acordeón, contrabajo y hermosos arreglos de cuerda, dirigidos por Senperena con la colaboración de la Joven Orquesta Sierra de Aralar.

Sólo un par de escuchas iniciales permiten concluir que estamos ante un trabajo elegante y magnífico, con músicas y letras de inusual belleza poética. Es difícil no pensar en Leonard Cohen al escuchar temas como Simulacro, Cómo iba yo a saber o Tú tienes a tu lado un ángel , algunos reforzados por la dulce voz de Virginia Pina, que canta como si fuera la Jennifer Warnes del canadiense. Y es imposible no sonreír ante la fina ironía de Mis amigos (“borrachos distinguidos / cerdos de las granjas epicureas / melancólicos a fuerza de placer”). Hay bonitos valses (Las mujeres de este mundo) y evidentes referencias a la chanson francesa o al cabaret de Kurt Weill (Es simple), guiños al fado portugués (El amor es una cosa rara) y alguna canción en la que la música de cámara se acerca a lo sinfónico (Como Cortés). Todos los textos son formidables, aunque algunos nos gusten especialmente, como Este álbum, que describe lo doloroso que puede llegar a ser enfrentarse a las fotografías/recuerdos del pasado, y Oh, verdad desnuda, un maravilloso juego que funde la poesía con lo cotidiano.

Canta Berrio con voz profunda y solemne en un disco que él define como “lapidario”, mezcla de existencialismo y humor. Se hace acompañar por músicos como el citado Senperena y los también fitipaldis Carlos Raya (guitarras) y Daniel Griffin (percusión), además de otros intérpretes. El martes de la próxima semana ofrecerá un concierto en el Club del Victoria Eugenia, donde presentará el álbum completo en formato de trío. Así, junto a su voz y guitarra eléctrica sonarán el piano de José Luis Lanzagorta y el violín y la viola de Imanol Solares. Para hacerse una idea de cómo respirarán los temas de 1971 adaptados a trío, se puede visitar la web del artista, que incluye vídeos como el siguiente. (PD: Mikel Iturria nos recuerda que el disco ya está en Spotify).

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Franz Ferdinand en Tabakalera

FOTO: El Humilde Fotero del Pánico

Juan G. Andrés

Tabakalera acogió anoche el concierto clandestino de los Franz Ferdinand, una propuesta restringida a los 1.200 afortunados que ganaron su invitación en el concurso San Miguel Unique’s y a unos cuantos acreditados-enchufados más. También hubo varias personas que fueron convidadas directamente por el grupo de Alex Kapranos and company, que durante su estancia en Donostia se han mostrado la mar de amigables con todo el que se ha acercado a charlar con ellos. El viernes noche, por ejemplo, les vimos en el Etxekalte, donde repartieron incluso algunas recomendaciones musicales al amigo Loveof74. En el periódico de mañana aparecerá la crónica de todo cuanto aconteció en la vieja fábrica de tabaco, aunque ya adelantamos que los escoceses estuvieron formidables, como de costumbre. Lástima que el bolo fuera calcado al de 2009 y que muchas de las cosas que dijimos entonces podrían repetirse ahora.

(Editando que es gerundio: Crónica completa del concierto aquí)

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No es serio este cementerio

Juan G. Andrés

Qué fin de fiesta, amigos. Cuánta emoción y cuántas sorpresas. En el periódico de hoy lo contamos un tanto atropelladamente porque se nos echó el cierre encima, pero en este post lo describiremos con un poco más de detalle. Lo más impresiontante de la noche de ayer está sobre estas líneas y es ese inmenso corto-homenaje que Aritz Moreno y Telmo Esnal rodaron con un sinfín de amigos de la Semana para despedir a José Luis Rebordinos y Lucía Olaciregui. Ideado y producido por Amaia Revuelta y Leire Apellaniz, el cortometraje se titula ¿Por qué te vas? (hace unos días ya contamos aquí cómo la canción de Jeanette se convirtió en uno de los himnos de la Semana) y, con una factura espectacular, narra el funeral de ambos. El cementerio es Cristina Enea tuneado para la ocasión y cuenta con un amplio plantel de estrellas que han financiado el filme a razón de 15 euros por barba. Entre los presentes, Santiago Segura, Ángel Sala, Julián Lara, un montón de colaboradores y espectadores de la Semana y hasta Winnie The Pooh. No es difícil imaginar la ilusión que tiene que hacer dejar un trabajo y que tus compañeros y amigos te despidan de esta manera tan original, sincera y preciosa. Echad un vistazo al corto y a los títulos de crédito, que no tienen desperdicio. El teatro a punto estuvo de caerse tres o cuatro veces en cada uno de los 7 minutos de metraje.

Tras recibir junto a Lucía la lápida compartida con sus nombres, fue el sorprendido Rebor quien ofreció varias sorpresas. Proyectó el terrorífico vídeo de la candidatura San Sebastián 2016 y un anuncio kitsch de la discoteca Discóbolo rodado hace algunos años por Juanma Bajo Ulloa. Después hizo subir a escena al equipo actual y pasado de la Semana y mencionó a un sinfín de personas (incluso a los que ya no están) que en estos 21 años han contribuido a que el festival se haya convertido en lo que es. Hubo momentos verdaderamente emocionantes… No quiso irse sin hacer sufrir un poco a su sucesor, Josemi Beltrán, que apenas pudo dirigirse a un público que no cesó de gritarle simpáticos improperios. En este vídeo de Precríticas se escucha a los espectadores pedirle que imite a Chiquito, uno le llama “patatero”, otra suelta un sonoro “Métele el pito” y hay uno que incluso le pide que dimita cuando aún no ha accedido al cargo. Impresionante el patio de butacas y meritorio el aguante de Beltrán, que tiene una apasionante y difícil tarea por delante (así lo explicamos en el artículo titulado El sucesor de Reybor).

Disfrazado con traje y corbata negros, Rebordinos se disculpó por no tener agallas de cumplir su eterna promesa de desnudarse en su último día como director de la Semana, y tampoco tuvo el valor necesario para leer un discurso final que reprodujo, con él ya fuera del escenario, la presentadora de la gala. El texto estaba escrito en clave de agradecimiento y de defensa de la libertad de expresión, debido a la polémica suscitada con la película censurada A serbian film. Las salvas de aplausos fueron continuas y atronadoras en los tres cuartos de hora que duró la ceremonia. Y después, noche de cervezas y cubatas en el Teatro Principal y el Iguana, con Rebor y Josemi departiendo con el público, triste y feliz como los participantes de tan entrañable entierro de la sardina.

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An absurd film

Fotograma de 'A serbian film'.

Juan G. Andrés

Ayer un juez (o jueza) resolvió que aunque tengamos más de 18 años no somos mayorcitos para decidir si podemos ver o no una ficción con violencia y sexo desaforados. Las proyecciones de A serbian film en la Semana de Terror han sido suspendidas cautelarmente por el juzgado de instrucción número 4 de Donostia, que investiga si esa historia imaginada por Srdjan Spasojevic “incurre en un presunto delito contra la libertad sexual tipificado y penado en el artículo 189 del Código Penal”. Genial. No se dice que su contenido sea delictivo y cabe la posibilidad de que en unos días el magistrado autorice su visionado, pero de momento, la Semana termina hoy sin que el filme se pueda proyectar.

Resulta paradójico que se prohíba el pase de A serbian film en una sala a la que sólo iba a acceder el público adulto de un festival de terror y que cualquier tierno infante con escasos conocimientos de Internet pueda bajársela de Internet en menos de lo que eyacula un gallo. Anoche llegué a casa y, cabreado por este absurdo caso de censura, delinquí: me descargué la película de la Red en apenas quince minutos (la versión serbia con subtítulos en castellano). Basta con teclear su nombre en Google para tenerla ipso facto en el ordenador, algo que ahora, gracias a la promoción de jueces y tertulianos, harán miles de personas que jamás se habrían acercado a una cinta de este tipo si no hubieran conocido la polémica.

La película, por cierto, es bastante olvidable, y si permanece en la memoria de alguien será por la ginkana de excesos que contiene: sexo extremo, violación, incesto, pederastia y, ante todo, violencia gratuita (gratuita, entre otras cosas, porque no nos han dejado pagar la entrada para verla). Como artefacto provocador y generador de mal rollo podrá funcionarle a alguien, pero no como cine. El director dice incluso que es una metáfora de la decadencia moral de la Serbia actual pero, sinceramente, cuesta mucho desbrozar simbolismos y significados ocultos entre tanta sangre y abyección. En mi opinión, A serbian film es sólo un aburrido, ultraviolento y reiterativo trabajo sin interés cinematográfico. Otros pensarán que es una obra maestra del horror o simplemente pornografía salvaje. Eso debe juzgarlo cada espectador teniendo la oportunidad de contemplar la obra sin interferencias. Quien no quiera verla, lo tiene muy fácil: que no mire. Porque eso mismo, cerrar los ojos o cambiar de canal, es lo que algunos hacemos con ciertos informativos, programas y debates de Tele 5 o Intereconomía. Ésos sí que contienen una violencia más accesible y real que la del filme serbio que -conviene no olvidarlo- sólo es una ficción.

Lecturas recomendadas en el blog de Nacho Vigalondo I y II.

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